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Jueves, 04 Julio 2019 07:00

El Paraguas de Pola de Siero, rehabilitación con Mapei como protagonista

Rehabilitación de El Paraguas de Pola de Siero por parte de Mapei Rehabilitación de El Paraguas de Pola de Siero por parte de Mapei Mapei

El Paraguas de Pola de Siero, de estructura octogonal, llevada a cabo por el ingeniero riojano Ildefonso Sánchez del Río, ha sido protagonista de una rehabilitación que ha potenciado la futura remodelación del entorno en Pola de Siero, una parroquia situada en la Comarca del Nora (Asturias).

Ildefonso Sánchez del Río empezó a proyectar sus característicos paraguas en 1925, unas estructuras repartidas en diver-sos puntos de la ciudad de Oviedo, de los que únicamente se conservan dos de ellos: a uno se le conoce como la Leche, por ser una solución económica que correspondía a la necesidad de crear cubiertas que protegieran a las vendedoras de leche en su tarea cotidiana; y el otro, como la Corredoría.

Transcurrieron muchos años sin que el ingeniero repitiera esta tipología formal. Ya entre 1970 y 1972, volvió a proyectar estructuras similares a las anteriores para cubrir parcialmente el recinto previsto para alojar el mercado de ganado de Pola de Siero.

El conjunto estaba formado inicialmente por un paraguas mayor, organizado a partir de ocho nervios radiales que arrancaban del pilar central a través de un capitel circular.

Los procesos de rehabilitación empezaron en 1990 por el ingeniero Aníbal Pérez, quien detectó que la estructura se encontraba en muy mal estado y que era necesario intervenir con carácter de urgencia. Los principales problemas radicaban en:

  • La vibración y flectación del paraguas en presencia de fuertes vientos, subiendo o bajando hasta 60 cm en los dos lados opuestos de la cubierta.
  • Las fisuras horizontales de la arista de contacto pilar-capitel
  • Las patologías de degradación del hormigón de las láminas.
  • El asentamiento, de algunos centímetros, de la vieja zapata de cimentación del pilar.

Debido a estos problemas se decidió acometer la rehabilitación a partir de los siguientes puntos:

  • Se recreció y rearmó el pilar, incrementando su diámetro desde 90 cm a 120 cm.
  • Se incrementó la altura del fuste visible del pilar al rebajar la zapata.
  • Se introdujeron 12 micropilotes de 40 Tn de capacidad de carga.
  • Se incrementaron las dimensiones de la zapata de cimentación.
  • Se añadió una nueva capa de impermeabilización por encima de toda la cubierta.

Como resultado, todas estas mejoras permitieron alargar la vida del paraguas alrededor de 25 años.

LAS PARTES DE UN TODO

El Paraguas de Pola de Siero presenta una estructura geométrica que hace de esta obra algo único. Estas son sus características:

  • Geometría del plano cubierta. Se trata de una planta circular de 40 metros de diámetro que ocupa un área de 1.256 m2, con un único pilar central.
  • Nervios radiales. El papel principal de la cubierta lo asumen ocho nervios radiales que trocean la superficie en ocho gajos.
  • Capitel de acompañamiento del pilar, con un diámetro cercano a los cuatro metros, con planta circular y canto variable de hasta 50 cm.
  • Láminas catenáricas en la cubierta con un espesor uniforme cercano a los 4 cm.
  • Borde perimetral. Se mide un espesor de 3,8 cm en todo el perímetro. Los nervios llegan a él, sobresaliendo por encima y por debajo de la lámina.

“Para la rehabilitación debíamos contar con una empresa puntera en temas de materiales especiales”


Gabriel Ortín, director de Asistencia Técnica de Mapei Spain, entrevista a Robert Brufau, arquitecto responsable del proyecto de rehabilitación del Paraguas de Pola de Siero entre 2016 y 2018

Vives y trabajas en Barcelona, ¿cómo te llegó un encargo como este, a mil kilómetros de distancia?
Se encadenaron algunas situaciones curiosas. Todo comenzó en uno de mis cursos de estructuras en la Escuela de Arquitectura del Vallés. Yo tenía por costumbre dedicar, cada cuatrimestre, una lección de una hora para explicar la obra de Félix Candela, otra hora para explicar Eladio Dieste y otra para explicar Eduardo Torroja, entre otros. Al terminar una de estas clases vino a saludarme un alumno asturiano, diciéndome que allí había mucha arquitectura como la que había explicado. Me dio algunas referencias y, aprovechando que pronuncié una conferencia en el Colegio de Arquitectos de Oviedo, le pregunté a uno de sus arquitectos si me podría acompañar a ver algunas obras de un ingeniero del que me habían hablado. Y así conocí la obra de Ildefonso Sánchez del Río, que me resultó apasionante.

Y a partir de este momento también lo incorporaste en tus lecciones...
Efectivamente, y con un trato similar al de los otros maestros. Hará 7 u 8 años fui a dar el mismo curso de estructuras en una universidad de Madrid, y, por supuesto, expliqué la obra de Sánchez del Río al mismo nivel que explicaba Torroja, Dieste o Candela. De nuevo intervino la casualidad. Entre los alumnos había uno que era de Pola de Siero, que quedó totalmente sorprendido que yo diera tanta importancia a dos construcciones que estaban en su ciudad. Era hijo de una persona muy influyente en el mundo cultural de Pola e imagino que debió explicárselo. Supongo que debió suceder de este modo, porque pocos meses después el Ayuntamiento de Pola me invitó a pronunciar una conferencia sobre el ingeniero, aprovechando que la Fundación Juanelo Turriano había organizado una exposición sobre su obra en la Casa de Cultura de la ciudad. Los arquitectos municipales me acompañaron a visitar el Paraguas del Ganado, comentándome si me vería con ánimos para rehabilitarlo, atendiendo a que se encontraba en un lamentable estado de salud, con un mantenimiento muy precario.

La primera puerta estaba abierta...
Efectivamente, y cuando pocos días después me plantearon de manera más oficial la posibilidad de actuar en él, recuerdo que les hice una propuesta muy concreta. Aunque yo era arquitecto y consultor estructural, para mí esta obra era muy compleja y les propuse formar un equipo pluridisciplinar. Por mi parte, contaría con un joven arquitecto, Jordi Payola, que colaboraba profesionalmente conmigo en BOMA y que era profesor de la asignatura de rehabilitación estructural en mi misma escuela. Pero consideraba necesario contar también con un equipo de ingeniería de los materiales, proponiendo a Antonio Aguado de Cea, que era catedrático en la Escuela de Ingeniería Civil. Le propuse hacer juntos la obra, al 50%. Como yo contaba con Jordi Payola, él me propuso que se incorporara al equipo su colaborador habitual, también profesor universitario, Albert de la Fuente. Y así montamos el equipo que presentamos al Ayuntamiento.

Mapei estuvo presente desde el inicio del proyecto. ¿En qué momento nos incorporaste al equipo?
Es cierto, con el equipo de ingeniería planteamos que debíamos contar con una empresa puntera en temas de materiales especiales para que colaborara con nosotros desde el inicio del proceso. Habíamos pensado en algunas marcas posibles, pero nuestra sorpresa fue que cuando propusimos la primera, Mapei, el propio arquitecto municipal manifestó que ellos ya habían trabajado con vosotros y que el resultado había sido muy satisfactorio. Lo aceptaron, y desde aquel momento comenzó una colaboración entre el equipo facultativo y el equipo industrial. Y ahora recuerdo que tú mismo, Gabriel, viniste a reconocer el Paraguas en la primera visita que realizó todo el equipo.

En la fotografía del equipo en la cubierta se observa el miedo que todos teníamos de pisar las láminas del paraguas y venirnos abajo. Todos andábamos por encima de los nervios, excepto el arquitecto municipal, Díaz Benito, que debía tener una mayor fe y se atrevió a pisar la lámina. Recuerdo que ese día, la otra arquitecta municipal, María José Fernández, se negaba radicalmente a pisar esas láminas finísimas. El temor le duró algunos meses, pero el día que le dimos el último tratamiento al paraguas, cambió radicalmente de actitud y comenzó a andar alegremente por toda la cubierta, indistintamente que fuera la zona nervada o la zona laminar. Fue en aquel momento cuando advertimos que habíamos conseguido salvar el paraguas. Las vibraciones habían desaparecido prácticamente, y las deformaciones se habían minimizado a menos de la décima parte.

Ya en los años 90 se había practicado una intervención de urgencia porque el paraguas se encontraba en una situación crítica.

El paraguas se construyó bien avanzados los años sesenta. Ocurrieron vientos muy intensos (se registró una racha de 206 kilómetros / hora) y el encuentro entre la cubierta y el pilar de Ø90 cm. (de hormigón armado, con un bajante de Ø30 cm. en su interior) perdió su rigidez, convirtiéndose en una especie de articulación que forzaba flechas de más de 60 cm. (hacia abajo en un lado y hacia arriba en el otro).

El ingeniero Aníbal Pérez realizó allá por el año 1990 un refuerzo muy eficaz, postensando con barras verticales la unión entre la lámina y el pilar (que pasó de un diámetro de 90 cm. a un diámetro final de 120 cm.), al tiempo que reforzó la cimentación de la zapata única con un conjunto de micropilotes. También proyectó y ejecutó un recrecido superior de la cubierta para aumentar la sección resistente de las láminas, que únicamente tenía 3’8 cm. de espesor. Lamentablemente, este recrecido no se adhirió al hormigón original y más que una ayuda se convirtió en una sobrecarga poco eficiente.

El Paraguas de Pola de Siero, rehabilitación con Mapei como protagonistaEn nuestra intervención ya advertimos este problema y se propuso su substitución integral con una nueva capa de recrecido de micro-hormigón aligerado armado con fibras poliméricas, convenientemente adherida a la superficie original mediante la aplicación de un puente de unión, realizado con EPORIP, adhsivo epoxídico estructural.

El paraguas tiene un diámetro de 40 metros y cuenta únicamente con 8 vigas que salen en voladizo desde un capitel, de planta circular y de unos 4 metros de diámetro. Las vigas son de sección variable y arrancan del capitel con una dimensión de 50x50 cm. para morir en el extremo con una sección aproximada de 25x25 cm. Las 8 láminas tienen un espesor inicial de 3,8 cm. con un traza- do perfectamente catenárico.

También reforzamos los 8 nervios, acoplando por su cara superior unas láminas de fibra de carbono, tipo CARBOPLATE E-170.

Es cierto, ya que al realizar el recálculo con el estado de cargas final detectamos que en la zona de salida del capitel central los 8 nervios tenían un ligero déficit resistente que nos forzó a practicar el refuerzo. También aplicamos un refuerzo con fibras de carbono por la cara inferior, disponiendo 4 láminas paralelas al perímetro en cada gajo.

Esto no estaba previsto en el proyecto inicial, pero fue inevitable al descubrir el nivel de corrosión que tenían las barras del mallazo existente (por dos razones, por su escaso recubrimiento y por llevar cerca de 60 años a la intemperie, prácticamente sin mantenimiento alguno). En la fase previa al proyecto esto no se detectó, pues la cara inferior estaba oculta por unas lonas que protegían de la caída de algún fragmento de hormigón.

La mayor parte del tiempo en que actuó nuestro aplicador la dedicó a pasivar con MAPEFER 1K las armaduras afectadas del único mallazo dispuesto en el interior de las láminas, con poco recubrimiento.

Dado el poco recubrimiento disponible y la posibilidad real de movimientos, se decidió regenerarlo con un mortero de altas prestaciones.

Recomendamos usar MAPEGROUT BM, mortero cementoso bicomponente de bajo módulo elástico.

Para la impermeabilización de la cara superior optamos por aplicar sobre el recrecido antes mencionado, MAPELASTIC SMART, membrana cementosa bicomponente elástica, alcanzando el mismo espesor total que tenía la capa de material aportada por Aníbal Pérez en su intervención de 1990.

Simplemente, substituimos un material poco eficaz por otro altamente protector sobre un recrecido armado con fibras plásticas que garantizaran una suficiente resistencia a tracción en su conjunto. Hay que tener en cuenta que la condición básica que nos autoimpusimos fue que la percepción del perímetro de las láminas mantuviera su espesor de 3,8 mm. y que, por esa razón, el refuerzo superior debía acabar muriendo a cero. Esta fue una de las mayores dificultades de las labores de acabado.

El Paraguas de Pola de Siero, rehabilitación con Mapei como protagonista

Sorprende que después de haber aportado tres láminas de material añadido, la percepción sea la misma que el paraguas debió tener cuando lo construyó Ildefonso Sánchez. Ildefonso era un ingeniero muy hábil y atrevido. Su confianza en la estática gráfica le llevó a realizar proyectos atrevidísimos, con luces de 100 metros entre soportes, o voladizos como el que hemos trabajado. Tenía, además, un conocimiento profundo del hormigón armado. Como ejemplo basta con explicar sus recursos para conseguir que un planta, a priori octogonal, se pueda leer como si tuviera una geometría circular. Para comenzar, las 8 láminas tenían un trazado catenárico con una flecha en el centro cercana a los 40 cm. Esto habría facilitado una percepción de 8 puntos altos y 8 curvas deprimidas (una en cada gajo). Lo resolvió haciendo salir las láminas en voladizo por su parte central. Pero no bastaba para conseguir la percepción circular. En la imagen de 1960 se aprecia la geometría todavía imperfecta al montar sobre el paraguas dos personas (se dice que una de ellas es el propio Ildefonso). El año 2012, en nuestro encuentro previo al proyecto, reproducimos la fotografía, también con dos personas sobre el perímetro. Ahora la imagen ofrece una perspectiva con la forma circular casi perfecta. La foto está tomada desde la misma posición, y la corrección geométrica sorprende gratamente. Ildefonso habría contado con la deformación diferida del hormigón armado para conseguir llevar la geometría hasta la situación ideal. Esto es genial.

Información adicional

  • Fuente:: Mapei
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